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Democracia en Madrid

El mensaje final no fue el que las fuerzas independentistas proclamaron en Cibeles, sino el que se llevaron a Cataluña

Dos asociaciones independentistas catalanas convocaron el pasado sábado una manifestación en Madrid bajo el lema “La autodeterminación no es delito. Democracia es decidir”. Con esta movilización en la capital de un Estado al que denigran, los independentistas volvieron a demostrar exactamente lo contrario de lo que querían denunciar: que España sea una dictadura que sojuzga a los ciudadanos de Cataluña, y que los dirigentes procesados en el Tribunal Supremo lo estén por sus ideas. Todos y cada uno de los ciudadanos que marcharon el sábado por las calles de Madrid las proclamaron, ejerciendo libremente los derechos establecidos por una Constitución que los dirigentes procesados intentaron derogar por vías de hecho. De estos actos, no de sus ideas, es de lo que están respondiendo ante la justicia, bajo las garantías del Estado de derecho.

La evidencia que se ha ido imponiendo en el transcurso de los días, dentro y fuera de España, es que el Tribunal Supremo no esconde ninguna sentencia dictada de antemano, y que el límite de la propaganda es sencillamente la realidad. Ante la imposibilidad de agitar la caricatura de un juicio político, las fuerzas independentistas pretendieron este sábado hacer política con el juicio, con el único resultado de dejar en evidencia las entretelas sin épica de un credo político que lo ha apostado todo a la manipulación. La autodeterminación no es delito, afirmaba la pancarta exhibida este sábado con toda la razón. Pero, con toda la razón, tampoco es un derecho, como se atrevieron a deslizar los oradores, confiando en que, además de suyo, el olvido del derecho internacional sea definitivo y general. Lo mismo que, en efecto, democracia es decidir. Salvo cuando lo que se decide es privar de sus derechos a una mayoría, algo que el sábado también prefirieron omitir los convocantes y que, sin embargo, no se puede olvidar porque los hechos de los días 6 y 7 de septiembre de 2017 consistieron exactamente en eso: ignorar la voluntad de la mayoría de los ciudadanos.

Con todo, el pasado sábado la democracia se reafirmó en Madrid. Pero no porque la invocaran en sus calles las fuerzas independentistas que pretenden secuestrarla en Cataluña, sino porque una vez más quedó de manifiesto que la Constitución de 1978 garantiza las libertades de todos. También las de quienes, como los independentistas, quieren destruirlas, presentando como libertades alternativas la imposición unilateral de su programa. El mensaje final de la marcha no fue el que las fuerzas independentistas proclamaron en Madrid, sino el que debieron llevarse a Cataluña. Reconózcanlo ellos y tengan el coraje de reconocerlo ante los suyos: las libertades de las que hicieron uso los manifestantes independentistas en la capital de España son las que corresponden a cualquier ciudadano en un país libre y en un Estado de derecho.

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